Trabajo y Capital: ¿Son antagónicos?

Es innegable que a la hora de hablar de economía e inversiones solo se nombra al capital, al dinero puesto para llevar adelante un negocio o una empresa. El trabajo no es tenido en cuenta para nada. O casi nada: solo es costo.
Por ende, a la hora de los beneficios, el único que se beneficia, es el capital. Pero, ¿de dónde sale el capital? ¿De donde sale el dinero que es invertido? Por supuesto que puede ser un dinero heredado, regalado, encontrado, ahorrado o robado, pero no tendremos en cuenta para este humilde análisis esas opciones. Al menos por ahora.
Supongamos que yo quiero poner un negocio, una pizzería, por ejemplo, y no tengo el dinero necesario para hacerlo. Lo tomo prestado, ¿sí? Abro la pizzería. En realidad se podría decir que no es mía, ya que el dinero lo tomé prestado, pero tengo la posibilidad de hacer que sí ese capital invertido, sea mío: trabajando.
O sea, aparece el elemento que para la apertura del negocio no fue tenido en cuenta para nada, no figuró en los cálculos, el trabajo. Y más que seguro que no solo va a estar involucrado mi trabajo, sino que también lo estará el de alguien más: el del empleado.
Otro caso: un señor abre una fábrica de automóviles. Hace todo lo que el proyecto le obliga y pone el dinero necesario para que su fábrica empiece a producir. Pero resulta que este buen señor se pone en la puerta de su fábrica esperando que empiecen a salir los autos producto de su inversión. Pero no sale nada. ¿Por qué? Porque se olvidó de una cosa: del trabajo.
Pasó algo muy simple, el dinero por sí solo, no produce nada, no genera riqueza. Entre el dinero y la producción de bienes que ese dinero debe generar, hay un elemento imprescindible y que es anterior e independiente al capital: el trabajo.

Tampoco debemos olvidarnos del profesional. A aquel que con todo su esfuerzo, dedicación y estudio llega, por ejemplo, a ser cardiocirujano. ¿Hubiera podido llegar a serlo si no hubiera estado presente el trabajo de tantos obreros en su camino: en la construcción de su casa, de su escuela, de la Facultad en donde estudió, en el hospital en donde practica su profesión, en la fabricación de todos los insumos que necesita su profesión? En suma, su presencia en la sociedad es irreemplazable, pero si no están los del personal que mantienen la asepsia del quirófano, su trabajo se vuelve imposible, o al menos muy peligroso para sus pacientes.
Considero que sería ya interesante plantearse una pregunta: ¿cuál habrá sido el capital original del hombre prehistórico? ¿Cuál habrá sido su primer riqueza? Sus primeros bienes materiales, en suma.
Estoy seguro de no equivocarme si digo que su primer riqueza tiene que haber sido una lanza, un cuchillo o una maza. Pero, ¿y donde las compró? Es más que obvio que esos elementos salieron de algo que en la actualidad no tiene valor, a pesar de que siempre todo salió de ahí: el trabajo.
Trabajo sobre el que, el obrero, no tiene su propiedad, ya que el “beneficio” que obtiene de su fuerza laboral no lo decide él, sino el capital. Y es siempre casi nulo ese beneficio.
No existe en el capitalismo propiedad privada sobre la fuerza laboral del trabajador por parte del mismo.
Es muy común encontrarnos con gente que además de quedarse de todos los beneficios que “produce” el capital en acción, se queja y piden a viva vos que los impuestos sean eliminados o al menos sean rebajados. Esto es porque el descomunal egoísmo que los domina los lleva a pensar que los impuestos son en realidad un “robo”, que los están esquilmando, que una Nación puede existir sin la necesidad de ese “robo”.
Es más que obvio que no es así. Tampoco puede existir una Nación sin el trabajo de todos sus habitantes. Pero, ¿para qué tener una País?
Está claro que el capital sabe perfectamente que necesita de un estado para poder asegurarse su existencia, la protección y la obtención del beneficio, porque para eso tenemos esta cosa gregaria, este juntarnos, este respetar leyes, reglas y costumbres que es tener una República, para obtener todos los beneficios que de ella se derivan, entre ellos, por supuesto, el económico.
Que hasta ahora, es solo para el capital. Y los ajustes en Grecia, España y Portugal prueban que es así: la ganancia, toda para el capital. El sacrificio, todo para el trabajo.
De “Time is gold” suelen alegar con absoluta certeza los capitalistas. Y tienen razón. Pero se olvidan de aclarar que se refieren solo al tiempo del capital, no al tiempo que emplea el obrero su fuerza laboral. Mejor dicho, saben perfectamente que esa fuerza laboral, ese tiempo empleado en fabricar todo lo que se produce, es oro, lo han comprobado a lo largo de toda la historia del hombre, por eso se molestan horriblemente cuando el trabajador hace paro, hace huelga, porque deja de producir ese oro.
Abraham Lincoln decía en el Labor Day (tal vez por esto lo mataron) que “El trabajo es previo a, e independiente del capital. El capital es solo el fruto del trabajo, y nunca podría haber existido si no hubiera existido antes el trabajo. El trabajo es superior al capital, y merece la mayor consideración”.
Categórica verdad la dicha por el gran Lincoln. Pero está demás aclarar que aún hoy día no se ha hecho Justicia con el trabajo. Lo cual no implica de ninguna manera desconocer al capitalismo.
Que es la libre disposición y usufructo de la propiedad privada sobre el capital como herramienta de producción, pero esta libre disposición y usufructo sin el empleo por parte del obrero de su fuerza laboral, el capitalismo está muerto.
La negación del capitalismo es caer en el comunismo, algo que en este país está muy lejos, en realidad no es para nada posible, primero porque la absoluta mayoría del pueblo lo quiere así, y además por que el peronismo en los últimos tiempos, primero con Néstor, y ahora con Cristina, garantiza la búsqueda y aplicación del necesario equilibrio, la síntesis justa entre capitalismo y trabajo, lo que llamamos Justicia Social.
Algo nada cómodo de conseguir, si ponemos atención en lo partidario de la Justicia Social, la inclusión, que son los empresarios y los banqueros, cosa muy fácil de apreciar en las recetas aplicadas en los países como Grecia, España y Portugal, en donde han llegado a aplicar descuentos de hasta el 20% a jubilaciones de 400 euros y por supuesto nada de exigir que también paguen ese 20% los empresarios y los banqueros.
Ahora, la pregunta que nos queda, la del millón: ¿porque las cosas están así? Dirán los capitalistas que es porque es lo más justo, porque es verdad revelada que debe ser así. Porque el único que se sacrifica, el único que asume riesgos, es el capitalista.
¿Pero, no es acaso un gran sacrificio trabajar toda una vida, no es asumir un riesgo exponerse a las enfermedades provocadas por el trabajo, al riesgo de vida que implican muchas labores, para considerar como “verdad revelada” que el único que asume riesgos y merecimientos es el empresariado y por lo tanto se quede con todo?
¿Es demostrativo de altura moral el quedarse con toda la cuantiosa riqueza producida por el trabajo? Eternamente hemos estado escuchando a los empresarios hablar de la importancia que tienen, de lo perfectos y superiores que son.
¿Es estar hablando de perfección, de superioridad, amasar cuantiosísimas fortunas, cuando el que estuvo trabajando toda su vida en sus empresas solo va a tener una magra jubilación? ¿Y con el agregado además, de tener que padecer en su vejez las enfermedades que la gran mayoría de los trabajos acarrean? ¿Con el agravante de que por tener que vivir con magros sueldos la atención de esas enfermedades en sus estadios tempranos no es lo suficientemente eficaz?
Yo creo que generar esta realidad criminal no tiene nada que ver con “altura moral”, “superioridad” o “perfección”.
Al día de hoy, sin duda, el capitalismo a sido antagónico con respecto al trabajo, mas bien diría su enemigo mortal. Las pruebas sobran, y estan por doquier.

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