Archivos del mes: 29 abril 2014

Civilización y barbarie. Parte III

Continuando con mi caradurismo me sigo metiendo con el tema del Derecho Natural y lo que a mi me parece que son algunas de sus consecuencias.

Recientemente en un foro en donde suelo publicar mis posteos un forero me echó en cara que no había reconocido que la Declaración Universal de los Derechos Humanos se basa precisamente en el Derecho Natural, falta de reconocimiento que es absolutamente cierta. Pero también es cierto que esa Declaración no es un problema, sino que es todo lo contrario.

Las cosas suelen ser ambivalentes, o sea, tener la capacidad de generar cosas buenas como también cosas malas. Y muy malas algunas, diría yo.

Y una de esas cosas muy malas que ha generado el Derecho Natural, o al menos haberle dado sostén intelectual, es el individualismo exacerbado. Y no es que estoy diciendo que el individualismo es absolutamente malo, lo que quiero decir es que en el mundo  existió y existe hoy un individualismo exacerbado, algo que es a mi humilde entender, una barbarie.

Por el contrario, el Derecho Positivo pone de manifiesto a la construcción colectiva, ya que eso es una Nación, una construcción de muchos en donde hay que dejar de lado algunos deseos muy individualistas, muy naturales por cierto, pero que no sirven a la causa de tener un País.

Recientemente se pudo ver, en la ciudad de Rosario a que nos lleva  el individualismo cuando no tiene el freno que el iuspositivismo ha generado y que hace posible la existencia de una sociedad civilizada. La cosa es muy simple, terriblemente simple y se llama “justicia” por mano propia, una clara muestra de barbarie, que solo tiene sustento en un exacerbado individualismo que ya sabemos de donde obtiene su sustento intelectual.

El caso fue que un grupo de vecinos mató a golpes a un muchacho, al que para no hacer demasiado larga una posible discusión al respecto, voy a dar por cierto que era “un delincuente”. Un aspecto más que remarcado en el Derecho Positivo es la delegación de la punición a manos de un poder, el Poder Judicial, que es el que se encarga, otorgando las debidas garantías concedidas, en aras de la civilización, por nuestra Carta Magna, de castigar, tal vez no adecuadamente (todo puede ser en este mundo) al que comete un delito.

Esto que acabo de decir es algo muy simple de entender, pero el barbárico hecho de Rosario a puesto de manifiesto que hay sectores de la sociedad que no lo tienen asumido, y no me refiero solamente a los ejecutores del homicidio, sino también a los miles de mensajes publicados en diarios como La Nación y Clarín  dando apoyo a semejante barbaridad.

Incluso ese apoyo provino también de parte del periodismo opositor, que tras una crítica, muy leve a mi parecer, terminaban justificándolos muy sutilmente, con frases como “el estado está ausente” “la gente está cansada de tanta inseguridad” y otras por el estilo.

La actitud de hacer justicia por mano propia es, por más que a muchos no le guste, volver a la época de las cavernas, al ojo por ojo, diente por diente , que si bien en su momento significó una mejoría substancial para las sociedades de hace más de 3000 años, hoy no lo es así.

En esa época no existía el Contrato Social, ni mucho menos su consecuente división de poderes.

Se les puede reconocer a los linchadores, simples homicidas en realidad, alguna dosis de razón. Y no de favor, por supuesto. Hay una cantidad muy importante de hechos delictivos, sin duda, hay muchos jueces que entienden el garantismo por el lado de dejar en libertad a peligrosos delincuente, algunos violadores homicidas,  se tardan años en llegar a una condena en un juicio por comisión de delito, pero es muy importante advertir que hay también una innegable utilización política-electoralista de esos delitos: “estamos inseguros”

Prima facie, quienes aseguran que “estamos inseguros” tienen derecho a pensar y opinar tal cosa,  porque para eso está  nuestra CN, pero no debemos olvidarnos de que cada derecho nos genera una obligación.

Y esa obligación en este caso específicamente esta graficada por el muy simple hecho de aclarar que están emitiendo opinión, además de explicar cómo es que miden la inseguridad, quién creó ese sistema y quién lo homologó, si es posible la seguridad total que reclaman, si hay algún país en el mundo en el que no exista la comisión de delitos, o que país ganó la “guerra al narcotráfico”.

Tal vez esté equivocado, pero esa ausencia de datos tan importante en el discurso de los medios que aseguran que estamos en “un infierno de inseguridad” es una clara muestra de intereses sectoriales muy extremistas, muy excluyentes. Falta honestidad en ese planteo, legítimo en principio: Mostrar las pruebas de lo que dicen.

El relato de “estamos muy inseguros” me parece a mí que está sobradamente impuesto en la sociedad, relato al que yo considero una vulgar falacia guebeliana, ya que es imposible la no existencia del delito, por lo tanto, la cuestión de tomar un caso, por ejemplo, la tragedia de Carolina Píparo como el todo es una clara muestra de el accionar de un sector minoritario de la Nación en busca de imponer a toda la sociedad una ínfima (y absolutamente terrible por cierto) parte de la realidad como la realidad de todos: “A todas las embarazadas les balean la panza y le matan el bebé”.

Quienes tienen ese relato, basados sin dudas en hechos reales, son minoría, pero una minoría barbárica, y no lo digo porque opinan distinto a mí, sino porque no aceptan que es un concepto tan debatible como cualquier otro, y por el contrario, hablan del tema como si fuera algo que está fehacientemente comprobado.

Y por supuesto, que en el colmo de la barbarie tampoco nos dicen, como reclamo mas arriba, mediante que sistema miden la inseguridad y además quién  lo creó y quiénes lo homologaron. Tampoco son tan repetitivos en los informativos televisivos y radiales como sí lo son con los hechos de “inseguridad” con el Índice de Criminalidad, índice que desmiente bastante el concepto de “estamos muy inseguros”.

Esta actitud es muy fácil de advertir solamente prestándole atención a la dialéctica que usan para referirse o preguntar sobre “la inseguridad”: Sin ningún margen para la duda para el debate. Las preguntas siempre conllevan la respuesta afirmativa: “estamos muy inseguros”.

El haber impuesto tal concepto a la sociedad, sin los estudios científicos o técnicos que lo avalen y sin aceptar humildemente un respetuoso debate sobre el asunto, es una imposición de intereses individuales por sobre los intereses colectivos,  intereses individuales que naturalmente todos tenemos pero que debe entenderse que primero está el interés colectivo, el que genera la existencia de la Nación, que es el medio ambiente en donde los intereses individuales podrán desarrollarse.

Y digo desarrollarse, no imponerse ni dañar los demás intereses que son tan legítimos como los del sector que en este país a impuesto el relato de la inseguridad como hecho incuestionable. También es fácil advertir un claro racismo clasista en los emisores de tal relato, ya que siempre hablan de los “chorros”, los “motochorros” o drogadictos, pero jamás hacen referencia como factor de inseguridad a los financistas del narcotráfico y los bancos que los protegen, como tampoco consideran inseguridad a los hechos en donde muere gente atropellada por autos u ómnibus.

Tampoco consideran un factor generador de inseguridad a la evasión a pesar de que esa evasión en argentina llega al menos al 50%, y que al ser un dinero que no entra al Estado es un dinero que no se puede gastar en educación y contención de personas en riesgo, como tampoco comprar más patrulleros, contratar más policía y hacer mas comisarías y cárceles, por supuesto.

La evasión y la consiguiente fuga del país de ese dinero robado, y digo robado por que al ser un dinero que está incluido en el costo del producto o servicio que se vende y es pagado por el comprador de ese producto o servicio y no es ingresado a las arcas del Estado, esto es, a las arcas de todos, es claramente un robo, muestra del mas barbárico individualismo, ¿que donde encuentra su basamento, su justificación?

Y ese robo, llamado comúnmente evasión tiene el mismo génesis que los hechos relatados en esta historia que sigue a continuación:

Apple y el trabajo esclavo:

Toda mercancía es una máscara que oculta una historia: la del trabajo necesario para crearla. Los bellos y admirados productos Apple esconden historias sórdidas, de sobreexplotación, trabajo de menores, represión, condiciones infrahumanas y alta tasa de suicidios. Todo este horror se despliega en la empresa china Foxconn, que trabaja para Apple y es conocida como “la fábrica del infierno”. Detrás de la tecnología de punta y el delicado diseño, detrás de la seductora historia de Steve Jobs, hay otras historias que dramatizan, entre otras cosas, la globalización, el capitalismo actual y el rol del Estado chino en ese contexto. 12 horas diarias, 7 días a la semana: 350 pesos de sueldo por mes. Y hay que firmar que uno no se va a suicidar, eso sí.  (…) El sitio estadounidense Democracy Now ofreció un informe sobre la serie de protestas contra la firma: “Los manifestantes recorrieron unas seis fábricas de Apple en todo el mundo para pedir reformas de las condiciones laborales en las fábricas de los proveedores de Apple en China”, señaló el sitio al tiempo que mencionó que las protestas “se producen poco después de que se conocieran las duras condiciones y el opresivo ambiente laboral en Foxconn, el polémico proveedor chino de Apple, donde se suicidaron más de diez empleados”.     Fuente

 

Link a la nota completa: http://parapensar-eduardo.blogspot.com/2014/04/viviendo-en-un-tupperware.html

Este es un claro ejemplo de la preeminencia del interés individual, el de los dueños de Apple, por sobre  el social o colectivo: el de los trabajadores que hacen posible la existencia de todo lo que se consume en el mundo.

Pura barbarie.

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