Archivos del mes: 28 mayo 2014

Schopenhauer y la oposición argentina.

Desde que de alguna manera empecé a participar en política, como simple militante hace ya más de 45 años nunca me había encontrado con lo que es la marca registrada de esta década, para mí también, ganada: el odio mas descomunal vertido por una oposición que hayamos podido ver en nuestra historia reciente. Digamos los últimos 50 años.

Es más que probable que si algún opositor lee este post, responderá que la culpa es de Cristina. Y no es un simple parecer el mío, es lo que siempre contestan cuando les es imposible negar esa profunda y oscura negatividad que los anima. Y tampoco estoy de acuerdo con esa culpabilidad de Cristina.

Nadie se pierde por los pecados ajenos. El odio que sienten les pertenece en su totalidad. Es cierto que el kirchnerismo no es perfecto y puede estar haciendo cosas mal, ¿Quién lo niega? Dentro del kirchnerismo, digo. Ni siquiera Néstor ni Cristina lo han hecho. Baste recordar el discurso de despedida de la presidencia que dio nuestro querido pingüino.

Es muy fácil comprobar lo que digo sobre el odio descomunal que sienten no solos los dirigentes opositores, sino también todo el cúmulo de periodistas y militantes de esos partidos opositores: basta recorrer los foros de La Nación, Clarín y Perfil. A qué negarlo, además de molestarme esas acusaciones de corruptos que vierten desde Cristina inclusive para abajo esta gente, me ha llamado mucho la atención la homogeneidad de que tiene ese colectivo tan lleno de un odio descomunal que  a mi que lo padezco también por ser kirchnerista hay veces que no lo puedo creer.

En su momento el ahora kirchnerista arrepentido Lucas Carrasco publicó una investigación en donde mostraba el accionar de una agencia de publicidad llamada La Ese, propiedad de un tal Carlos Souto, que había sido contratada para generar la aparición de miles de mensajes en los foros criticando al Gobierno, o sea, actividad opositora paga, opositores profesionales.

En su momento eso explicó en una gran parte esa extraña, para mí, homogeneidad. Pero pasado el tiempo, al ver que, por ejemplo, también era muy común encontrar en la calle o en los bares a gente con la misma actitud, esa cosa de La ese, terminó pareciéndome insuficiente como explicación de tanta y perfecta homogeneidad.

Es que no solo son homogéneos en el odio descomunal e  hiperinsultador si no que también son homogéneos en la falta de argumentación. Hay un director de orquesta en ese concierto fétido, y son los medios Clarín y La Nación, qué duda cabe, pero igualmente no me cerraba totalmente la cosa.

Hasta que de manera fortuita me enteré que un fulano, alemán él, entre las tantas cosas que escribió, pergeño un pequeño compendio al que dio en llamar “38 FORMAS PARA GANAR UNA DISCUSIÓN”. El filósofo en cuestión se llamó Arthur Schopenhauer(1788-1860)

http://maquetavida.bligoo.com/schopenhauer-y-sus-38-maneras-de-ganar-una-discusi-n#.U22q2oF5NRE

http://contrasentido.net/163/38-formas-de-ganar-una-discusion

Fueron extraídas de su libro El arte de la controversia, en el que el filósofo alemán reflexiona sobre el arte de discutir (dialéctica erística) de tal manera que se tenga razón lícita o ilícitamente —per fas et nefas.

Lícita o ilícitamente. Esa es la cuestión. Y eso es lo que sostengo que hacen cualquiera de la oposición que entre en una discusión ya sea de manera personal, en un programa televisivo o en los foros de internet. En los links que puse más arriba se pueden leer a las 38 formas, yo solo me voy a referir a la que me parece más representativa de nuestra querida oposición.

La forma 38:

Cuando se advierte que el adversario es superior y se tienen las de perder, se procede ofensiva, grosera y ultrajantemente; es decir, se pasa del objeto de la discusión (puesto que ahí se ha perdido la partida) a la persona del adversario, a la que se ataca de cualquier manera.

Puede denominarse a este procedimiento argumentum ad personam, distinguiéndolo así del argumentum ad hominem, que consiste en alejarse del objeto de la discusión atacando alguna cosa secundaria que ha dicho o admitido el adversario. Ad personam, en cambio, se procede abandonando por completo el objeto en discusión y atacando a la persona del adversario; así, uno se torna insolente y burlón, ofensivo y grosero.

Se trata de pasar de la apelación de la fuerza del espíritu a la fuerza del cuerpo, o a la bestialidad. Esta regla es muy popular; como todo el mundo está capacitado para ponerla en práctica, se utiliza muy a menudo. Querrá ahora saberse cuál será la contrarregla valedera para la otra parte, pues si también sigue por el mismo camino, la cosa acabará en pelea, o duelo, o en un proceso por injurias.

 Cualquier parecido con la conducta llevada a cabo por toda la oposición argentina, no tiene nada de casual.